
Si el régimen dictatorial venezolano demostrara tan solo un síntoma de cordura y de respeto al intelecto humano, uno podría llegar a estar de acuerdo en al menos un punto...de un millón.
Entonces, temas como el de Las Malvinas, serían sensibles al sentimiento latinoamericano y al concepto básico de libertad de los pueblos, con el que todos estamos de acuerdo.
Sin embargo, esas ideas colocadas en la boca de Chávez, y escupidas con ese tono amenazante y “busca pleito” típico de los guapos del barrio con la pajita en el hombro, terminan por distraer nuestra sensatez histórica, y por colocarnos, muy a nuestro pesar, del lado de los ingleses.
Si los argentinos quieren contar con el apoyo del mundo en este justo proceso, díganle a Chávez que se quede callado, no sea cosa que al final la Comunidad Internacional los ignore por completo.
Si no me creen…pregúntenle a Zelaya, quien desde hace rato ya forma parte de un desértico paisaje que a nadie le interesa volver a ver.



